jueves, 13 de febrero de 2020

Diócesis española celebrará con vigilia de oración el día de San Valentín para “aprender a amar”





ACI
 La Diócesis de Alcalá de Henares, en Madrid (España), celebrará el próximo 14 de febrero a las 9:00 p.m. (hora local) una vigilia de oración con motivo del día de San Valentín, bajo el lema “aprender a amar y orar por la vida”.

Mons. Juan Antonio Reig Pla, Obispo de Alcalá de Henares, bendecirá a todas las madres gestantes que asistan a la vigilia.
También tendrán un lugar especial los prometidos que vayan a casarse durante el 2020, así como los esposos que cumplen su primer año de casados y los matrimonios que celebran sus bodas de plata (25 años) y oro (50 años).
Con motivo de este día, la Diócesis de Alcalá de Henares ha habilitado una sección titulada “palabras de amor” donde se exponen algunos textos para “aprender a amar, aprender a pensar sobre el amor, y aprender, con verdad, a hablar ya  escribir de amor y con amor a la persona amada, al amado”.
(Mt 19,9)

 "Y dígoos, que todo aquél que repudiare a su mujer, sino por la fornicación, y tomare otra, comete adulterio; y el que se casare con la que otro repudió, comete adulterio".


Catena Aurea 
 Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 32. Así como es un cruel y un malvado el que repudia a la mujer casta, así también es insensato e inicuo el que posee a una meretriz, porque patrocina la torpeza y encubre el crimen de su mujer. 

Rábano. Por consiguiente, para repudiar a la mujer, hay una causa carnal: la fornicación; y otra espiritual: el temor de Dios; mas no hay ningún motivo para tomar otra mujer, viviendo la primera. 

Glosa. Amenaza al que la toma, porque la adúltera no teme el oprobio. 




Beda, in Marcum, 2,25. Temía Herodías que algún día se arrepintiese Herodes, o que se reconciliase con su hermano Filipo, y se deshiciese su matrimonio por un repudio.

Teofilacto. Consideremos lo que hace la furia de la concupiscencia, puesto que, teniendo Herodes tanto respeto y temor a Juan, se olvida de todo por satisfacer su pasión.




 Que todos respeten el matrimonio y mantengan la pureza de sus relaciones matrimoniales; porque Dios juzgará a los que cometen inmoralidades sexuales y a los que cometen adulterio. Hebreos 13:4 

El matrimonio es obra de Dios, el divorcio obra del diablo:(San Agustín)

Proverbios 18:22 - Biblia Torres Amat 1825 

 Quien halla una mujer buena, ha hallado un gran bien, y recibió del Señor un manantial de alegría. Echa de su casa el bien quien repudia la mujer virtuosa; mas el que retiene la adúltera es un insensato e impío.

domingo, 2 de febrero de 2020

Novena a Nuestra Señora de Lourdes en reparación por la obstinada negación de Bergoglio contra el Dogma de la Inmaculada Concepción y por la blasfemia contra el dogma que Bergoglio permitió en Panamá

Fechas de Novena del 2 al 10 de febrero, día de fiesta del 11 de febrero

Nuestra Señora se apareció a Santa Bernadette Soubirous dieciocho veces en Lourdes, Francia, en 1858,  cuatro años después de que el Papa declarara que la Inmaculada Concepción era un dogma.

Breve Novena 

Oh siempre Virgen Inmaculada, Madre de la Misericordia, Salud de los Enfermos, Refugio de los Pecadores, Consuelo para los Afligidos, tu conoces mis deseos, mis problemas, mis sufrimientos. Dígnate lanzarme una mirada de misericordia. Al aparecer en la Gruta de Lourdes, te complaciste en convertirla en un santuario privilegiado, desde donde dispensas tus favores; y ya muchas víctimas han obtenido la cura de sus enfermedades, tanto espirituales como corporales.

Vengo, por lo tanto, con
la más ilimitada confianza  para implorar tu intercesión materna. Obtén, oh Madre amorosa, que mi petición sea concedida.Para agradecerte por los favores concedidos, me esforzaré por imitar tus virtudes para que algún día comparta tu gloria.

Nuestra Señora de Lourdes, ruega por nosotros. Amén.
(Padre Nuestro, Ave María, Gloria.)



Bergoglio no cree en el dogma de la Inmaculada Concepción de María 

sábado, 1 de febrero de 2020

Oración a San José de San Francisco de Sales



Glorioso San José, esposo de María, concédenos tu protección paterna, te suplicamos por el corazón de Jesucristo. Oh tú, cuyo poder se extiende a todas nuestras necesidades y puede hacer posible para nosotros las cosas más imposibles, dirige tu mirada  de padre a las necesidades de tus hijos.

Con confianza recurrimos a ti en los problemas y las angustias que nos afligen. Dígnate  tomar bajo tu  caritativa protección  este importante y difícil asunto, que es la causa de nuestras preocupaciones. Haz que su feliz desenlace sea para la gloria de Dios y para el bien de tus devotos siervos. Amén.

viernes, 31 de enero de 2020

Cinco Máximas para alcanzar la perseverancia final de San Antonio María Claret





San Antonio María Claret indica que “nada nos aprovecharía tomar el camino para ir al Cielo, si no andamos continuamente por él hasta llegar al fin; a la manera que a una persona que quisiese ir a Madrid, de nada le valdrían sus deseos, y el ponerse en camino para esta capital, si se estaba quieta en la carretera y no practicaba los demás medios para conseguirlo; así también para no hallarte burlado en la hora de la muerte, que será el término de nuestra peregrinación, procurarás en el negocio de todos los negocios, que es el de la salvación eterna, poner en práctica estas cinco máximas, que si las guardas con toda fidelidad, puedes estar seguro de que llegarás felizmente a la patria de los bienaventurados, en donde gozarás de Dios por toda una eternidad. Amén.

La primera es: Antes morir que pecar. Sí; así debes estar resuelto; dejarlo todo antes que dejar a Dios. En esto consiste la observancia del primer mandamiento de la ley del Señor. Por eso san Alfonso Ligorio clamaba: Que se pierda todo, antes que perder a Dios, y que sea disgustado todo el mundo, antes que lo sea Dios... Mas si por desgracia, atendida nuestra fragilidad, te sucediere caer en algún pecado mortal, no des por eso lugar a la desconfianza, ni a la perturbación interior, con que procurará engañarte el espíritu maligno. Lo que debes practicar, es excitarte luego a dolor y contrición de tu culpa, considerando lo que has hecho ; y aborrecerla por ser ofensa de un Dios, a quien debes todo tu amor, por ser tu Dios, tu Criador, tu Redentor, tu Padre... y proponer confesarla a la mas posible brevedad. Te has de portar como una persona que ha tomado veneno, que para arrojarlo antes que le quite la vida, procura tomar luego un vomitivo eficaz: asimismo si por desgracia cometes tú una culpa mortal, has de vomitarla luego por medio de una santa y dolorosa confesión, si no quieres que ella, como un fuerte veneno, te precipite a la horrible y eterna sepultura del infierno. De lo contrario teme, cristiano: mira que no tienes sino una alma, y que si la pierdes ¡ay infeliz de tí! bajarás al infierno, de donde no podrás salir jamás; piénsalo bien, que por toda una eternidad has de ser o feliz en el cielo, o condenado en el infierno... piensa que si te condenas de nada te aprovecharán las riquezas, los gustos y los honores, y que con nada de este mundo podrás cambiar tu desventurada suerte.

La segunda es: Apartarte de las ocasiones de pecar. Si no lo haces así, ciertamente pecarás; porque dice el Espíritu Santo, que el que ama el peligro perecerá en él. Si no quieres caer, debes hacer como los animales, que habiendo de pasar por algún paraje en donde han recibido daño o han caído, se retiran de él, aunque sea haciendo algún rodeo. Obrando lo contrario, te sucederá lo que se observa en una casa, que por mucho que la limpien y quiten el polvo, si no matan las arañas, luego vuelve a estar llena como antes de las telas que fabrican: o bien te acontecerá lo que sucede al labrador que ha cortado la mala yerba, que si no la ha arrancado de raíz luego vuelve a brotar como antes. Por lo que si sabes que en el baile, en el juego, en las conversaciones amorosas con personas de diferente sexo, en el trato con este o aquel sujeto, en tal lugar o en tal casa caíste en desgracia de Dios, ofendiéndole, has de huir de allí, como de un lugar apestado, en donde encontraste la muerte.

La tercera es: La oracion al Señor, y la devocion a María santísima. Como la perseverancia final es un don especialísimo de Dios, según enseña nuestra madre la Iglesia, y no la concede el Todopoderoso, dice san Alfonso Ligorio, sino a los que se la piden; por esto enseña santo Tomás, que se ha de pedir siempre, para poder entrar en el cielo. Siempre hemos de decir al Señor: Venga a nosotros vuestro santo reino, ahora el de la divina gracia, y después el de la eterna gloria. Para alcanzar estos dones, hemos de valemos de la devoción a María santísima, como uno de los medios más poderosos. Ella es el conducto del cielo por donde manan todas las gracias que necesitamos, para apartarnos del mal y para obrar el bien. Ella es la puerta del cielo, como enseña la Iglesia; y nadie alcanza la misericordia del Señor, sino por su mediación, dice san German patriarca de Constantinopla. Por este motivo debes encomendarte todos los días a María santísima, y tributarla algunos obsequios, como son, rezarla con devoción el santo Rosario, y hacerla alguna novena y algún ayuno, si la salud y el trabajo te lo permiten; si no puedes hacer estas cosas, prívate a lo menos de alguna de aquellas que podrías hacer lícitamente, como por ejemplo, oler una flor, beber un vaso de agua, mirar o ir a tal punto que sería de tu gusto, etc. Sobre todo procura imitar sus virtudes, la humildad, la mansedumbre, la pureza y el amor que ella tuvo a Dios y al prójimo. Te encargo con mucha especialidad aquella oración, que te he puesto entre los ejercicios de cada dia(*), para que la reces diariamente. Aunque sea corta, motivo por el cual no debes dejarla jamás , yo te aseguro que si eres constante en rezarla, alcanzarás por su medio ahora la gracia y después la gloria eterna.

La cuarta es: La frecuencia de los santos Sacramentos, especialmente el de la sagrada Comunión. Ellos son los conductos de la divina gracia, de aquella gracia que es el medicamento que da salud a las almas. Jesucristo los instituyó para curar nuestras enfermedades espirituales, y para preservarnos de las recaídas. A la manera que uno que está enfermo, toma la medicina para curarse de sus males, y procura alimentarse con sustancias sanas y nutritivas a fin de no recaer en ellos; asimismo si no quieres recaer en tus dolencias espirituales, y morir eternamente, debes recibir con frecuencia los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía, para alcanzar por medio del primero la gracia de la curación de tus pecados, o aumentar esta gracia curativa y remisión de ellos, si ya la hubieses conseguido; y por medio del segundo aquella que alimenta tu alma, y la fortifica para guardarte de caer en pecado. En el sacramento de la Eucaristía se halla el pan de la vida. Este es el pan vivo bajado del cielo, aquel pan que contiene en sí toda dulzura, y del cual dice el mismo Jesucristo, que el que lo coma con las disposiciones debidas, vivirá eternamente: este pan es su mismo cuerpo, que él dió para la vida espiritual del género humano. El que no come, pues, el cuerpo del Hijo de Dios hecho hombre; esto es, el que no comulga con frecuencia, ¡ah, cuán difícil es, por no decir imposible, que viva con la vida de la gracia! ¿Viviría mucho tiempo aquel hombre o aquella mujer, que no tomase alimento corporal sino de muy tarde en tarde, por ejemplo, de año en año?... Al contrario, el que comulga con las disposiciones debidas (no quiero decir con aquellas que pide la alteza de Dios, porque estas no pueden conseguirse, por ser Dios infinito, y nosotros la misma miseria, sino estar en gracia y comulgar con algún fervor), el que comulga, digo, con las disposiciones debidas, y comulga frecuentemente, ¡ah! ¡cómo corre lleno de salud y de vida por el camino del cielo! Por esto decia san Francisco de Sales que en el espacio de veinte y cinco años que dirigía almas, con ninguna otra cosa había conocido que se santificaban tanto, y casi se divinizaban, como con la sagrada Comunion. Pero cuidado con frecuentarla en desgracia de Dios, con pecados veniales cometidos con conocimiento, por costumbre, por vanidad o por otros fines que no sean rectos y honestos. Cuidado... y grande cuidado... en no engañarse así mismo, engañando (lo que cuesta poco) al director, a quien se le ha de pedir siempre permiso y consejo para verificarlo... La frecuente Comunión es una de las cosas más útiles al cristiano, más agradables y que más obligan a María santísima, de manera que dice Séñeri el Juniore que el que hace voto o promesa de comulgar doce domingos seguidos (si antes a menudo ya comulgaba), o doce meses continuados, o una vez al mes (si antes no comulgaba a menudo) en honor y gloria de María santísima; en memoria de aquellas doce estrellas con que san Juan la vió coronada en el Apocalipsis; alcanza de esta grande Reina y Señora de las gracias cualquier gracia que se le pide; y si no alcanza la gracia pretendida será porque no le convendrá; pero entonces le concederá otra gracia mayor y más útil que la que pide, como la experiencia lo ha demostrado. ¡Ojalá que los fieles en lugar de hacer otros votos y promesas hicieran esta, por cierto que lograrían mejor lo que pretenden!...

La quinta y última máxima es: Avivar la fe de que estás en la presencia de Dios. Esta máxima, mandada por el Altísimo al santo patriarca Abrahan para que fuese perfecto, cuando le dijo: Camina como un criado fiel delante de mí, y sé perfecto; considerada con atención, no puede menos de dar un resultado el más feliz. Porque ¿quién no ve desde luego su grande importancia? Pensar y creer estas verdades: Mira que Dios te ve... Mira que hasta los pensamientos más ocultos los tiene presentes... Mira que en cualquiera parte donde te quieras esconder para ofenderle, siempre estarás delante de él, y querer pecar no se puede comprender... ¿Seria posible hallar un hombre que quisiese insultar a un rey poderoso en su misma presencia, y delante de sus ministros de justicia con las armas en la mano para vengarle a la mas pequeña señal de su voluntad? A no haber perdido el uso de la razón, o a no estar ciego de una pasión violenta, no creo que fuese posible. No obstante, esto sucede todos los días, a todas horas, en todos instantes... ¡Cuántos pecados se cometen a cada momento, y todos a la presencia de un Dios infinito en grandeza y majestad!... ¡y a la vista de innumerables criaturas que obrarían todas como ministros de su divina justicia, si las ordenara vengar sus derechos!... El aire sofocaría al pecador delincuente con sola una insinuación de Dios; la tierra se le tragaría; el agua le ahogarla; el fuego le reduciría a cenizas; la... en una palabra, todas las criaturas pelearían a favor suyo contra los insensatos pecadores... En consecuencia, pues, ¿esta verdad bien ponderada no será mas que suficiente para apartarte de la culpa?... Aviva, pues, la fe de ella, la que, bien meditada, no solo te guardará de pecado, sino que te hará santo y un gran santo. Así sea."

(*) La oración a la cual hace referencia San Antonio María Claret, se encuentra en su libro: "Camino Recto y Seguro para llegar al Cielo", es la siguiente:
¡Oh! Virgen y Madre de Dios, yo me entrego por hijo vuestro y en honor y gloría de vuestra pureza os ofrezco mi alma, cuerpo, potencias y sentidos; y os suplico me alcanceis la gracia de no cometer jamás pecado alguno. Amén, Jesús. (Se rezan Tres Ave Marías)
Fuente: Sermones de Misión, Tomo II, San Antonio María Claret, Barcelona, Librería Religiosa

San Antonio María de Claret advirtió contra las comuniones sacrílegas

Del Camino Recto y Seguro para llegar al Cielo, por San Antonio María Claret
Apenas hay delito que más ofenda a Dios que el de la comunión sacrílega. Los Santos Padres lo demuestran con palabras y ejemplos asombrosos. El que comulga en pecado mortal comete un delito mayor que Herodes, dice San Agustín; más horrendo que Judas, dice San Juan Crisóstomo; más terrible que el que cometieron los judíos crucificando al Salvador, dicen otros santos. Y por todos añade San Pablo: será reo del Cuerpo y Sangre del Señor; esto, dice la Glosa: será castigado como si con sus manos hubiere muerto al Hijo de Dios, Es la comunión sacrílega un delito tan enorme, que Dios no espera a castigarlo en el infierno, sino que ya empieza en este mundo con enfermedades y muertes; de modo que ya en tiempo de los Apóstoles, según San Pablo, muchos por sus comuniones sacrílegas padecían gravísimos males corporales y otros morían. San Cipriano refiere de algunos de su tiempo que lo mismo era recibir indignamente la sagrada Comunión, que hallarse acometidos de intolerables dolores en las entrañas, hasta morir reventados. San Juan Crisóstomo conoció a muchos poseídos del demonio por causa de este delito; y San Gregorio Papa asegura que en Roma hizo grandes estragos la peste que sobrevino, por haberse continuado en aquella ciudad las diversiones, convites, espectáculos e impurezas después de la Comunión pascual; y lo mismo refiere de su tiempo San Anselmo, por haber cumplido mal con este precepto. Se lee en la vida de San Bernardo que un monje se atrevió a comulgar en pecado mortal; pero, ¡cosa terrible!, apenas le hubo dado el Santo la Sagrada Hostia, reventó como Judas y como él se condenó eternamente.



Refiere el célebre P. Antonio Arbiol que había en cierto pueblo una señora que en una fiesta muy solemne fue a confesar; y el confesor, hallándola en ocasión próxima voluntaria, le dijo que no podía absolverla si no se apartaba primeramente de la ocasión, y que en aquel día no podía recibir la sagrada Comunión; pero ella quiso recibirla sin hacer caso de los que dijo el confesor, y al momento que tuvo la sagrada Hostia en la garganta, la ahogó, quedando muerta en la misma iglesia en presencia de mucha gente.

Gran número de casos de esta naturaleza podría referirte, no sólo antiguos, sino también modernos, aunque al presente no suceden tantos, por causa, según creo, de que los buenos por temor se retraerían de frecuentar los Santos Sacramentos; y Jesús, por el amor que nos tienen y para nuestro bien, prefiere dejar impunes visiblemente los sacrilegios y que los buenos lo reciban con frecuencia, a que éstos no se atrevan a recibirle, atemorizados por los castigos de los profanadores; pero si a estos últimos no los castiga visiblemente, ya lo hace invisiblemente con ceguedad de entendimiento, y con dureza de corazón y con su abandono en este mundo, y después, en el otro, con las penas eternas del infierno. Encomiéndate a María Santísima, para que te alcance los auxilios que necesitas para poder recibir con frecuencia y dignamente los Santos Sacramentos.

Y a fin de que conozcas mejor cuánto conviene recibir con buena disposición los Santos Sacramentos y los diferentes efectos que causan, por conclusión te referiré otro caso que se lee en las vidas de los Santos Padres: Había un Obispo muy virtuoso, que, habiéndosele avisado que dos personas vivían en trato ilícito, suplicó al Señor se dignase manifestarle el estado de la conciencia de sus súbditos. Oyó Dios sus súplicas, y un día, después de haber distribuido la sagrada Comunión a un gran concurso, vio que los unos tenían el rostro negro como un carbón, a otros les centelleaban los ojos, y otros muy hermosos y vestidos de blanco. Repitió la súplica el buen Prelado, a fin de que Dios le manifestase aquel misterio. Al instante apareciose un ángel, y le dijo: “Has de saber que estos que tienen el rostro negro son los impuros y deshonestos; esos otros que les centellean los ojos son los avaros, usureros y vengativos; y los que ves tan hermosos y vestidos de blanco son los que se hallan en gracia y adornados de virtudes”. Acudieron también a comulgar las dos personas acusadas de trato ilícito, y las vio igualmente resplandecientes y hermosas, por lo qué pensó el santo Obispo haber sido engañado; mas el ángel le dijo que era verdad cuanto le habían dicho de ellas, pero que habiéndose apartado de la ocasión y hecho una buena confesión, les habían sido perdonados todos sus pecados, y con esto habían quedado bien dispuestas para recibir las sagrada Comunión, la cual les había causado estos admirables efectos.

Por lo tanto, apreciable hermano en Jesucristo, por el grande amor que te profeso, te suplico y encargo no vayas jamás a recibir la sagrada Comunión en pecado moral; mas no te asustes si en tan desgraciado estado te encuentras. Confiésate bien antes, y de veras arrepentido; excítate a muchos y fervientes actos de humildad, confianza y amor, y comulgando con esta disposición quedarás lleno de los grandes y celestiales frutos que causa la sagrada Eucaristía a quien la recibe dignamente. Quiero aquí referirte los principales para que te aficiones más y más a frecuentarla.


  1. Aumenta la gracia.
  2. Da luz al alma a fin de conocer el bien para seguirlo y el mal para huirlo.
  3. Aviva la fe y la esperanza.
  4. Enciende la caridad.
  5. Modera la ira y demás pasiones, preservándonos de pecar.
  6. Nos une con Jesucristo.
  7. Nos da una suavidad espiritual, mediante la cual se hacen con gusto todas las obras de virtud.
  8. Ahuyenta los demonios, para que no nos tienten tan a menudo.
  9. Calma los remordimientos de la conciencia.
  10. Hace tener gran confianza en Dios en la hora de la muerte.
  11. Alimenta el alma dándole vigor, así como el pan material lo da al cuerpo.
  12. Por último, nos da especiales auxilios para perseverar en el bien y llegar a la eterna gloria de la cual es prenda cierta la que te deseo de todo corazón, como para mí mismo.

miércoles, 29 de enero de 2020

¿Tienen fe?


Esta es la pregunta que se hacían –que nos hacíamos- algunas almas purgantes, a la vista de las actuaciones diversas –pero similares- de muchos de los Obispos más preclaros de la Iglesia Militante. Con capelo incluido, deseando recibirlo o a punto de recibirlo, que igual da. Lo de los Obispos plastificados, que comentaba yo en mi carta anterior, se queda en algo chusco y gracioso al lado de esto que suscitaba la admiración anímica de mis almas compañeras.
No es conveniente para los mortales acusar a otros de haber perdido la fe, aunque sí es prudente preguntarse si ciertamente la conservan. Dios sabrá. Pero la consigna de Jesús de que el árbol se conoce por sus frutos, es suficiente al menos, para tener una idea aproximada (y en ocasiones bastante segura), del tema que se está tratando.
El arzobispo-cardenal de Munich dice con su oronda boca, que si se habla del temor al infierno el Evangelio no puede tener efecto; o que no se puede excluir a nadie por no ir los domingos a misa; o que es lícito bendecir las parejas homosexuales -supongo que para insuflarles ánimo, aliento e ímpetu, como si les hiciera falta-, y empujarlos al abismo. De ahí la necesidad de no hablar del infierno, claro. Parece que el Señor habló del llanto y el rechinar de dientes y así lo ha creído siempre la Iglesia.
Por eso no podemos dejar de pensar que Marx no tiene nada de fe. Y quizá por eso, forma parte del grupo de cardenales gordos que “dirigen” la Iglesia.
El flamante arzobispo de Lima, entresacado del clero limeño, recién llegado al episcopado con la honesta misión de destruir todo lo hecho por su digno antecesor, dice que nadie se convierte ante el Sagrario porque es una situación de pasividad, y que hay que abandonar la idea de que el cristiano es soldado de Cristo, tal como se puede ver en esta penosa intervención, en la que ridiculiza los cantos católicos de su niñez. Parece que fue precisamente san  Pablo quien habló del cristiano como soldado en múltiples lugares de sus cartas y así lo ha creído siempre la Iglesia.
Por eso no dejamos de pensar que Mattasoglio no tiene nada de fe. A éste la darán pronto el birrete cardenalicio de color rojo, no por la sangre que derramará, sino por su amor a la Teología de la Liberación que tiene que implantar en su recién estrenada y querida archidiócesis.
El caduco cardenal de Viena, con muchos años de episcopado y cardenalato a las espaldas, recibe a su amigo/a Conchita en la catedral y organiza un espectáculo de luz y color, al que asiste en primera fila. Conocidas son sus tesis sobre la homosexualidad, adoctrinando a sus ovejas advirtiendo que los matrimonios gays testimonian que el matrimonio es un bien importante. Claro que con las nuevas interpretaciones de la Biblia que se ha instalado en la Pontificia Comisión Bíblica, no se habrá percatado de lo que la Iglesia siempre creyó sobre Sodoma y Gomorra, y de que la cita el Señor expresamente en algunas de sus reconvenciones.
Por eso no dejamos de pensar que Schönborn no tiene nada de fe. Lo cual explica que no se le ha aceptado su renuncia de los 75 años, mientras a otros se les acepta el mismo día de su cumpleaños. Es que nos hace falta este cardenal para seguir adelante con la Iglesia, mientras nos sobran los que siguen pensando y creyendo en modo antigualla.
El desconocido e insustancial obispo de Pinerolo, se supone que en la Italia de los cristianos romanos mártires por su fe, suprime el credo en la misa, para no ofender a los no-creyentes. Es posible que también lo haya suprimido de su propia vida, o al menos eso parece. La recitación del Credo siempre fue característica de la proclamación de la fe. Claro que si no se quiere herir las sensibilidades de los que se ciscan en el catolicismo, lo mejor es recitar la tabla de multiplicar en un clima de diálogo constructivo.
Por eso no dejamos de pensar que Derio Olivero (que así se llama el pobre hombre), no tiene nada de fe. Pero esto le capacita para ser el próximo Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana. Seguro.
Y así podríamos haber seguido en nuestra reunión semanal de análisis de la Iglesia Militante. Hubo quien quería subir más arriba en el nivel de análisis, pero una vez más, San Pedro no quiso permitirlo. Las conclusiones habrían sido tan graves como molestas. Por eso lo dejamos para otra mejor ocasión.

lunes, 27 de enero de 2020

La responsabilidad de los padres ante Dios




La educación de los hijos un grave deber de los padres
Los padres deberán prestar cuentas a Dios por cada hijo que se pierda por su negligencia — Amonestación materna, Ferdinand Georg Waldmüller, 1850
Los padres que se ocupen en educar bien a sus hijos no serán confundidos, en el juicio particular y en el juicio universal. Triste, no obstante, será el juicio de padres apenas empeñados en gozar la vida y despreocupados de la educación de su prole.
San Alfonso María de Ligorio (1696-1787) el insigne maestro de la Teología Moral enseña acerca de los deberes de los padres con relación a sus hijos.
* * *
Teniendo en vista la intensa y creciente oposición a las enseñanzas de la Santa Iglesia observada en nuestros días, es nuestro deber propagar la moral católica tradicional.
En ese sentido, es notorio el conflicto entre dos categorías de personas: los que desean formar acertadamente a sus familias de acuerdo con esas enseñanzas tradicionales; y aquellos que, debido a las influencias del neopaganismo actual —como las provenientes de la televisión, que invade incontables hogares con telenovelas y otros programas de tenor anticatólico—, tratan de adaptarse a las máximas de la mentalidad moderna.
Acción Familia procura ofrecer a todos los que desean mantener la fidelidad integral a la moral católica, subsidios para resistir valientemente a la avalancha que busca desagregar y hasta extinguir la familia, célula mater de la sociedad.
En su obra Revolución y Contra-Revolución, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira denuncia claramente tal objetivo de la Revolución, multisecular proceso que viene destruyendo la civilización cristiana. Así, en el capítulo 7 (Primera Parte, n. 3, f) declara:
La destrucción de la familia, meta de la Revolución
“Entre los grupos intermedios que serán abolidos, ocupa el primer lugar la familia. Mientras no consigue extinguirla, la Revolución procura reducirla, mutilarla y vilipendiarla de todos los modos”.
Como poderoso auxilio para los padres de familia, transcribimos algunos principios que el gran Doctor de la Iglesia, San Alfonso María de Ligorio, fundador de los Redentoristas, proclamó en sus sermones*:
San Alfonso María de Ligorio y la formación de los hijos
Cuando Dios bendice a los padres dándoles hijos, lo que Él tiene en vista no es la ventaja de la casa; sino que los hijos sean educados en el santo temor y formados para la salvación eterna. De ahí estas palabras de San Juan Crisóstomo: “Miremos a los hijos como precioso depósito, velemos por ellos con toda la solicitud posible”. Si los hijos fuesen un don ofrecido apenas a los padres, estos podrían disponer de ellos como quisiesen; pero como son un simple depósito, los padres deberán prestar cuentas a Dios por cada hijo que se pierda por su negligencia.
Consecuencias de una buena o mala formación



A tal padre tal hijo
Quien quiera saber si la conducta de un padre de familia es buena o mala, examine la conducta del hijo
A fin de que comprendamos que viviendo según la voluntad de Dios los padres atraen las bendiciones celestiales sobre ellos y sobre toda la casa, la Sagrada Escritura dice: “Así serán felices, tú y tus hijos después de ti, porque habrás realizado lo que es bueno y recto a los ojos del Señor, tu Dios” (Deut. 12, 25).
Quien quiera saber si la conducta de un padre de familia es buena o mala, examine la conducta del hijo. “El árbol se conoce por su fruto” (Mt. 12, 33), dice Nuestro Señor.
Cuando un padre de familia muere, pero deja un hijo, es como si él no hubiese muerto, pues ese hijo lo perpetúa, lo continuará. “Muere el padre, y es como si no muriera, porque deja detrás de sí a uno igual a él” (Eclo. 30, 4). Por los hijos que blasfeman, que dicen palabras impuras o roban, se puede advertir los vicios del padre. Pues, dice el Eclesiástico, “Un hombre se conoce por los hijos que deja” (Eclo. 11, 30).
Responsabilidad de los padres
Tranquila y feliz será la muerte de los padres y madres de familia que forman a sus hijos en la vida cristiana. “Mientras viva, se alegrará de verlo, y a su muerte, no sentirá ningún pesar” (Eclo. 30, 5). Y dice San Pablo: “se salvará por su maternidad mientras persevere con modestia en la fe, en la caridad y en la santidad” (1 Tim. 2, 15). Gracias a la buena educación que les habrán dado. Al contrario, muy triste y hasta desesperada, será la muerte de aquellos padres que únicamente se preocupan en aumentar la fortuna y el brillo de su casa, para gozar la vida, sin preocuparse en lo más mínimo en educar a sus hijos. “Si alguien —dice aún San Pablo— no tiene cuidado de los suyos, principalmente de sus familiares, ha renegado de la fe y es peor que un infiel” (1 Tim. 5, 8).
¡Si al menos ciertos padres cuidasen de sus hijos tanto cuanto de sus animales! ¡Cuánta solicitud para que nada les falte! ¡Qué atención para que la comida les sea dada a su tiempo! Y, con la atención enteramente puesta en ello, no se preocupan si sus hijos conocen o no el catecismo, si asisten a misa y se confiesan. “¡Sí —lamenta San Juan Crisóstomo—, caballos y bueyes les toman más el corazón que los propios hijos!”
Consecuencias de la negligencia de los padres



La corrección es más fácil en la niñez
Para los hijos, cuando aún son niños, es fácil adquirir buenos hábitos, es difícil al hombre maduro corregirse de los malos hábitos contraídos en la mocedad.
Es una gran desgracia para los hijos tener malos padres, no sólo incapaces de educarlos, sino, peor aún, indiferentes a sus conductas: que ven a sus hijos en malas compañías, discutiendo, divirtiéndose con amistades sórdidas, y, en vez de reprenderlos y castigarlos, los excusan diciendo: “No se puede hacer nada, son cosas de la juventud”. ¡Bella máxima… bella educación…!
Así como para los hijos, cuando aún son niños, es fácil adquirir buenos hábitos, es difícil al hombre maduro corregirse de los malos hábitos contraídos en la mocedad.
Pasaremos al segundo punto, y yo os suplico, padres y madres de familia, que retengáis bien esto que os diré sobre la manera de educar bien a vuestros hijos.
La enseñanza de la religión y de la moral
La disciplina comprende la enseñanza de la religión y de la moral
¿En qué consiste precisamente la buena educación de los hijos? San Pablo lo dice claramente en dos palabras: “Educad a vuestros hijos en la disciplina y en la corrección del Señor” (Ef.6,4).
En primer lugar, por disciplina, es necesario comprender todo lo que los padres deben hacer para formar a los hijos en las buenas costumbres. Consiste en instruirlos y darles buen ejemplo.
Que los padres tengan ante todo el deber de enseñar a los hijos el temor de Dios y la fuga del pecado. Así hacía el justo Tobías con relación a su hijo. En efecto, leemos en la Sagrada Escritura: “Al cual enseñó desde la infancia a temer a Dios y abstenerse de todo pecado” (Tob. 1, 10).
¡Qué consolaciones y qué alegrías el Cielo reserva en recompensa por la solicitud de los padres cristianos! Sí, dice el Sabio: “Corrige a tu hijo, y él te dará tranquilidad y colmará tu alma de delicias” (Prov. 29, 17). Pero, si el hijo bien instruido es la alegría de sus padres, los hijos ignorantes los llenan de tristezas; pues, ignorar las reglas de la vida cristiana y comportarse mal, es una sola cosa.
Cuenta Tomás de Cantimpré que, en 1248, un sacerdote fue encargado de hacer un discurso al clero de París reunido en sínodo. Este sacerdote era muy ignorante y, estando en la presencia de su auditorio, se confundió completamente. Entonces el demonio vino en su ayuda y le sugirió que pronunciase las siguientes palabras: “Los príncipes de las tinieblas saludan a los príncipes de la iglesia, y les agradecemos vivamente por la negligencia en instruir al pueblo. Pues, las almas estancadas en la ignorancia, siguen el camino del mal y llegan al infierno”. Semejante lenguaje bien se podría dirigir a ciertos padres de familia.
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* Sermons de S. Alphonse de Liguori, Analyses, commentaires, exposé du système de sa prédication, par le R. P. Basile Braeckman, de la Congrégation du T. S. Rédempteur, Tome Second, Jules de Meester-Imprimeur-Éditeur, Roulers, pp. 464-47.

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