El depravado Apóstata Alejandro Labaka convivía y dormía habitualmente con jóvenes indígenas desnudos que se excitaban mutuamente.
El bautismo de sangre de nada sirve al hereje
¿Acaso puede ser la virtud del bautismo mayor o mejor que la confesión, que el martirio, cuando uno confiesa a Cristo ante los hombres, cuando uno es bautizado en su sangre? Y, sin embargo, este bautismo [de sangre] tampoco sirve al hereje, aunque, fuera de la Iglesia, fuese muerto confesando a Cristo, por más que sus jefes elogien como mártires a los herejes sacrificados por una falsa confesión de Cristo y les atribuyan la gloria y corona del martirio, contra el testimonio del Apóstol que afirma que nada les puede aprovechar aunque sean quemados y sacrificados (cf. 1Cor 13,3). (San Cipriano de Cartago, Epist. LXXIII (ad Iubianum), n. 21 – BAC(1964) p. 688-689 – CSEL III/1, 794)
En el horno donde el mártir es purificado, los herejes son reducidos a cenizas
‘Muchos males padecen los adúlteros, los malhechores, los salteadores y homicidas, los criminales todos; muchos males, dice, padezco también yo, tu mártir; pero distingue mi causa de la de la gente malvada (Sal 42,1), de la de los salteadores, homicidas y criminales de toda clase. Pueden sufrir lo mismo que yo, pero no tener la misma causa. En el horno, yo soy purificado, ellos reducidos a cenizas.’ También los herejes lo sufren, muchas veces de su propia mano, queriendo que se les tenga por mártires. Pero contra ellos hemos cantado: Distingue mi causa de la de la gente malvada. Al mártir no lo hace la pena, sino la causa. (San Agustín, Sermón 327, n.1)
Sínodo de Laodicea:
Los «mártires» de los herejes son ajenos a Dios
Canon 9: A los miembros de la Iglesia no se les permite reunirse en los cementerios ni asistir a los supuestos mártires de ninguno de los herejes para orar o prestar servicio. […] Canon 34: Ningún cristiano abandonará a los mártires de Cristo ni se volverá hacia los falsos mártires, pues son ajenos a Dios. Por lo tanto, quienes los sigan sean anatema. (Sínodo de Laodicea, Cánones 9.34)
Papa Benedicto XIV
Aunque el hereje muera por un artículo de la verdadera fe no puede ser mártir
De la multitud de sus mártires se gloriaban antiguamente los Marcionitas y otros herejes, como escribe Sulpicius Severus de los Priscillianistas (Sacr. Historia, lib. II, c.51, n.7). Los imitan los herejes de nuestro tiempo. […] Aún admitido que haya cisma sin herejía, él que muere en cisma no puede ser enumerado entre los mártires, pues quien fue apartado de la Iglesia Católica no tiene vida. […] Así, entre los cismáticos no puede haber mártires. […] El hereje o muere en atención de su herejía, o por un artículo de la fe católica. En el primer caso no puede ser mártir ya que muriendo, presta de sí mismo el sumo testimonio de persistencia diabólica. […] Lo mismo se debe decir del hereje que muere por un artículo de la verdadera fe; aunque concedemos que es muerto por la verdad, no recibe la muerte por la verdad propuesta por la fe, ya que carece de ella. […] Los teólogos, encabezados por Santo Tomás (S. T. II-IIae, q.5, a.3), enseñan que él que muere por un artículo verídico no puede ser mártir, una vez que carece tanto de la fe informe como de la fe informada. Asimismo, cuando sea un hereje invincibiliter [i.e. en ignorancia invencible] y pronto a creer en todo lo propuesto por la autoridad legítima, puede ser mártir ante Dios (coram Deo), pero no ante la Iglesia (coram Ecclesia).
Las normas de ‘De Servorum Dei beatificatione…’ estuvieron vigentes durante casi dos siglos en la Sagrada Congregación de Ritos y pasaron sustancialmente al ‘Codex Iuris Canonici’ de 1917, segundo a Constitución Apostólica ‘Divinus Perfectionis Magister’ de S. Juan Pablo II.
(Benedicto XIV, De Servorum Dei beatificatione et Beatorum canonizatione (syn.), lib. III, c. 20)
2 Corintios 11:14-15
Y esto no es nada raro, ya que Satanás mismo se disfraza de ángel de luz; por eso resulta muy natural que sus servidores pretendan aparecer como defensores de la justicia. ¡Pero habrán de terminar como sus hechos merecen!