martes, 4 de septiembre de 2018

Lombardi mintió sobre el encuentro de Bergoglio con Kim Davis para no disgustar a Obama

Nuevas revelaciones de Viganò: Francisco y su amigo homosexual están mintiendo




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En septiembre de 2015, durante el viaje de Francisco a Estados Unidos, se publicó que se había reunido en la Nunciatura en Washington con Kim Davis, la funcionaria encarcelada por negarse a tramitar el “matrimonio” de dos homosexuales. El Padre Lombardi se precipitó a calificar de ‘fake news’ las noticias sobre la audiencia, dejando a Kim Davis como una mentirosa y asegurando que el Papa solo había saludado a la mujer junto a decenas de personas.
El arzobispo Carlo María Viganó era entonces Nuncio en Estados Unidos, y relata ahora cómo fue ese encuentro y cómo el Vaticano mintió para no irritar a Barack Obama.
Según el propio Juan Carlos Cruz relató al New York Times anteayer, Francisco le habría dicho que Viganó saboteó su viaje a Estados Unidos. Según aseguró el Papa en la conversación con Cruz, el encuentro fue una “encerrona”. Esto habría dicho Francisco según Juan Carlos Cruz:

“No sabía quién era esa mujer, y él la cogió para saludarme y, por supuesto, hicieron una gran publicidad. Y me horroricé y despedí al nuncio”.
A continuación, el documento en el que el exnuncio Viganó relata cómo fue en realidad el encuentro entre el Papa y Kim Davis
El Papa Francisco se reunió de manera privada con Kim Davis: esto es lo que realmente ocurrió
por
Su Excelencia Carlo Maria Viganò
Arzobispo titular de Ulpiana
Nuncio Apostólico
El 28 de agosto de 2018, el New York Times ha dado a conocer parte de una conversión que Juan Carlos Cruz, la víctima más conocida de los abusos sexuales del sacerdote Karadima y del obispo Barros, supuestamente tuvo con el Papa Francisco.
Inexplicablemente, en su conversación con Cruz, parece ser que el Papa habría hablado de su encuentro con Kim Davis, que tuvo lugar en Washington el 24 de septiembre de 2015, afirmando que no sabía nada de su caso antes de dicho encuentro.
Ante tal afirmación del Papa, me siento obligado a explicar cómo se desarrollaron realmente los hechos.
Al final de la cena en la Nunciatura de Washington la noche del 23 de septiembre de 2015, le pregunté al Papa si me podía conceder media hora, porque necesitaba someter a su atención, y posible aprobación, una iniciativa delicada y de fácil realización, a saber: reunirse personalmente y de manera totalmente confidencial, fuera del alcance de los medios de comunicación, con Kim Davis, funcionaria del Condado de Rowan, en Kentucky, y la primera ciudadana americana condenada y encarcelada durante una semana por haber ejercido su derecho a la objeción de conciencia.
Al inicio de nuestro encuentro la noche del 23 de septiembre, le entregué al Papa un memorándum de una página que resumía el caso Davis (aquí enlaces al italiano y al inglés). El Papa se mostró inmediatamente favorable a dicha iniciativa, pero añadió que el encuentro tendría implicaciones políticas y dijo: “No soy un experto en estas cuestiones, por lo que sería mejor que usted le preguntará al cardenal Parolin su opinión”.
Eran ya las 21:30, por lo que fui personalmente con dos de los consejeros de la Nunciatura (un italiano y un lituano) al hotel donde se hospedaba el séquito del Papa, situado a poca distancia de la Nunciatura. Dado que yo había avisado por teléfono de mi llegada, Su Excelencia Mons. Angelo Becciu (Sustituto de la Secretaría de Estado) y Su Excelencia Mons. Paul Gallagher (Secretario para las Relaciones con los Estados y responsable de la Sección Política de la Secretaría de Estado) ya estaban esperándome en el hall del hotel. Inmediatamente me notificaron que el cardenal Parolin se había retirado a su habitación y que no consideraban apropiado molestarle, ya que ellos podrían informarle de nuestro encuentro a la mañana siguiente.
Nos reunimos en un pequeño salón del hotel. Como he dicho, éramos cinco personas. Les entregué el mismo memorándum que había entregado al Papa, exponiendo su contenido y explicando la razón de mi visita, que había sido solicitada por el Papa. Tras considerar el caso, mons. Becciu fue inmediatamente favorable al encuentro privado entre el Papa y Davis antes de que el Papa abandonara Washington para ir a Nueva York.
Mons. Gallagher, aunque era favorable a la idea dada la importancia de defender el derecho a la objeción de conciencia, dijo que sería oportuno verificar desde el punto de vista del derecho consuetudinario si había razones que desaconsejaran el encuentro; es decir, si las medidas judiciales contra Davis habían concluido o seguían abiertas. Hice que hablara con el canonista de la Nunciatura, el cual, antes de ser sacerdote, había sido juez en los tribunales militares americanos y, después, profesor de Derecho Canónico. Tras la conversación aclaratoria con el canonista, que le dijo que no había obstáculos procesales, Mons. Gallagher dio su opinión incondicionalmente favorable al encuentro entre el Papa y Kim Davis.
A la mañana siguiente, después de la misa que el Papa concelebró con nosotros en la Nunciatura, informé al Santo Padre de la opinión positiva de sus dos principales colaboradores, que debían referir al cardenal Parolin nuestro encuentro. Entonces el Papa dio su consentimiento y organicé todo para que Davis viniera a la Nunciatura sin que nadie se diera cuenta, recibiéndola en un salón aparte. Todo fue más fácil porque Davis ya estaba en Washington, puesto que había sido invitada para recibir un reconocimiento oficial (el Cost of Discipleship Award) del Family Research Council.
Antes del encuentro, avisé al fotógrafo de L’Osservatore Romano que no debería publicar las fotografías de este encuentro sin la autorización de sus superiores. Él, naturalmente, respetó las órdenes, pero hizo demasiadas fotografías, que nunca han sido publicadas, y que actualmente están custodiadas en el archivo fotográfico de L’Osservatore Romano. También le pedí a Davis que me prometiera que no informaría del encuentro a los medios de comunicación hasta que el Papa estuviera de vuelta en Roma, al final de su visita pastoral a los EE.UU. Davis mantuvo fielmente su promesa.
A primera hora de la tarde del 24 de septiembre, antes de partir hacia Nueva York, el Papa entró, tal como estaba previsto, en el salón donde Kim Davis y su esposo le estaban esperando. El Papa la abrazó afectuosamente, le dio las gracias por su valentía y la invitó a perseverar. Davis estaba muy emocionada y empezó a llorar. Después, volvió a su hotel en un coche conducido por un gendarme pontificio y acompañada por un monseñor americano y un miembro del personal de la Nunciatura.
Cuando el Papa ya había vuelto a Roma procedente de Filadelfia, después del Encuentro Mundial de las Familias, la noticia del encuentro con Davis estalló en los medios de comunicación. Una avalancha de llamadas telefónicas, de faxes y emails llegaron a la Nunciatura de Washington y a la Sala de Prensa del Vaticano, muchos con insultos y protestas, pero también muchos en favor del encuentro del Papa con Davis. En un artículo del 30 de septiembre de 2015, el New York Times informó que “Vatican officials initially would not confirm that the meeting occurred, finally doing so on Wednesday afternoon, while refusing to discuss any details” [“inicialmente, los oficiales vaticanos no confirmaron el encuentro, pero el miércoles por la tarde sí lo hicieron, aunque se negaron a dar detalles del mismo”]. La Sala de Prensa vaticana emitió una declaración —sin que sus superiores en la Secretaría de Estado me consultaran—, en la que se afirmaba que el Papa no había recibido a Davis en audiencia privada y que, como mucho, tal vez la había saludado entre muchas otras personas antes de partir hacia Nueva York. El padre Rosica y el padre Lombardi incrementaron aún más las mentiras, y fueron citados así en la edición del New York Times del 2 de octubre de 2015: “But the Rev. Thomas Rosica, a Vatican spokesman, said on Friday that the office of
Archbishop Viganò had extended the invitation to Ms. Davis and that the Pope was probably not briefed about her case. And the Rev. Federico Lombardi, the chief Vatican spokesman, depicted the meeting as one meet-and-greet among many” [“Pero el padre Thomas Rosica, uno de los portavoces del Vaticano, dijo el viernes que la oficina del arzobispo Viganò había extendido la invitación a la Sra. Davis, y que el Papa probablemente no había sido informado sobre el caso. Y el padre Federico Lombardi,    portavoz principal del Vaticano, ha descrito el encuentro como un saludo rápido entre muchos”]. ¡Esta es la transparencia existente en la Santa Sede bajo el Papa Francisco!
A la mañana siguiente, hacia las 6 hora de Washington —lo recuerdo bien porque acababa de entrar en la capilla de la Nunciatura—, recibí una llamada del cardenal Parolin que, agitado, me dijo: “¡Tiene que venir inmediatamente a Roma, porque el Papa está furioso con usted!”. Fui lo más rápidamente que pude y fui recibido por el Papa en la Domus Sanctae Marthae hacia las 7 de la tarde del 9 de octubre, al término de una de las sesiones vespertinas del segundo Sínodo sobre la Familia.
El Papa me recibió durante casi una hora, de manera afectuosa y paterna. Inmediatamente me pidió disculpas por la molestia de hacerme ir a Roma, y me dedicó muchos elogios por el modo cómo había organizado la visita a los EE.UU. y por el increíble recibimiento que había tenido en el país. Nunca se hubiera esperado tal acogida.
Para mi enorme sorpresa, durante este largo encuentro, el Papa no mencionó ni una sola vez la audiencia con Davis.
En cuanto mi audiencia con el Papa terminó, llamé de inmediato al cardenal Parolin y le dije: “El Papa ha sido muy amable conmigo. No me ha dirigido ningún reproche, sólo elogios por el éxito de su visita a los EE.UU”.   Entonces el cardenal Parolin me respondió: “No es posible, conmigo estaba furioso respecto a usted”.
Este es el resumen de los hechos.
Como he mencionado al inicio de este escrito, el 28 de agosto de 2018, el New York Times ha publicado una entrevista con Juan Carlos Cruz, en la que Cruz daba a conocer que, durante su encuentro con el Papa en abril de 2018, el Papa le habló del caso Davis. Según Cruz, el Papa le dijo: I did not know who the woman was and he [Msgr. Viganò] snuck her in to say hello to me — and of course they made a whole publicity out of it. And I was horrified and I fired that Nuncio” [“No sabía quién era esa mujer y él [Mons. Viganò]  la coló [en la Nunciatura] para que me saludara. Y claro, le dieron mucha publicidad al asunto. Yo estaba horrorizado y despedí a ese nuncio”].
Uno de los dos miente: quién, ¿Cruz o el Papa? Lo que es cierto es que el Papa sabía muy bien quién era Davis, y tanto él como sus colaboradores cercanos habían aprobado la audiencia privada. Los periodistas pueden verificar los hechos preguntado a los prelados Becciu, Gallagher y Parolin, como también al mismo Papa.
Lo que es evidente es que el Papa Francisco ha querido esconder la audiencia privada que le concedió a la primera ciudadana americana condenada y encarcelada por objeción de conciencia.
+ Carlo Maria Viganò
Arzobispo titular de Ulpiana
Nuncio Apostólico
30 de agosto de 2018
Fiesta de Santa Juana Jugan y del Beato Alfredo Ildefonso Schuster
Traducción de Elena Faccia para InfoVaticana

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